Hace un mes elevé mi amor hasta la cima del cielo por ti y cuando me fui hasta el frío de tus pies me llevé para el recuerdo...- Ricardo Montaner
Yo no pensé vivir tantas cosas en 30 días. Tu llegaste cuando menos lo esperaba. No hice un Plan B como normalmente hago, porque tenía la certeza de que te ibas a quedar para siempre. Me enamoré a primera vista de tus ojos verdes, de tus suaves manos, de tu hermosa y noble sonrisa, de tu acento, de tu dulzura, de tu bondad, de tu sensatez... Tu me hiciste confiar en ti a plenitud. Tu me sedujiste. Total, resultaste ser todo lo contrario a lo que aparentabas ser. Me envolviste en un hálito de romance enloqueciente para luego hacerme polvo y dispersarme en la atmósfera de la melancolía y la ausencia. Me dejaste cuadrapléjica, lesionaste la espina dorsal de mis sentimientos y ahora no me puedo mover de esa atmósfera, porque hasta la silla de ruedas de la compasión te llevaste. Ahí, en ese ambiente tenue y frío, he estado vagando hace días, desojando margaritas, cuestionándome, preguntándome qué rayos hice mal y he llegado a sospechar que lo único que hice mal fue enamorarme de ti.
Yo te di el consentimiento de que me conquistaras con tus carabelas. Te dejé ver mis límites y mis fronteras. Dejé que exploraras mi jardín de orquídeas y cayenas. Te di las canciones que mi alma había escrito inspiradas en lo que sentía cuando me perdía en tus abrazos. Contigo se fue el suave edulcorante de aquel café en Krispy Kreme. Y es que en un mes me llevaste al cielo para luego empujarme al vacío y golpearme con la cruda realidad de que todo fue mentira (De ahí la lesión en la espina dorsal).
Hace un mes fuimos arena y caracol, Código de Procedimiento Civil y Código Civil, piano y guitarra, jilguero y paloma, sistema nervioso central y periférico. Y no ha pasado una noche desde que te fuiste en la que yo no he llorado, no hay momento del día en que no te piense. He dejado de disfrutar plenamente bellos momentos porque siento que me faltas tu. Si tan solo pudiera cambiar tu parecer, si me dieras la oportunidad de demostrarte una vez más que lo que yo siento por ti es verdadero, que yo quiero hacerte felíz...
A veces me pregunto que pa' qué quiero luchar por este amor si sé que tu ya emigraste a otro lugar lejos de mi. Tampoco sé si mereces que te entregue mi ser, porque me despreciaste vilmente. Tienes un orgullo que no te deja ver las cosas tal cual son. En cambio yo me desprendí de todo orgullo y me revestí de valentía para desnudar mi alma en estas líneas que quizás ni te interesen. Lo hice porque te quiero con locura, porque creo en los milagros, porque aún cuando tu me ignoras, a pesar de que me despreciaste aquella tarde de domingo en la que me abandonaste y a pesar de que he tirado por la borda mi dignidad según la opinión de muchos yo sigo creyendo en el amor. Yo prefiero ser así antes que llenarme de odio, rencor y rabia contra ti. Eso de creerme la última Coca-Cola del desierto yo lo aplico, tampoco creas que me estoy arrastrando por ti...
Tu mencionaste que no crees en segundas oportunidades y que no crees en mis lágrimas, pero ten en cuenta que las lágrimas son la más clara manifestación de la verdad y del pesar de un ser humano y eso no lo digo solo yo, si quieres lee algo de Platón, Voltaire, o Lope de Vega. Sobre las oportunidades, Jesucristo dijo que el que mucho ama, mucho se le perdona...
Dicho esto, concluyo...
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