Hoy él nos hizo una anédota sobre un viaje que realizó a Cuba. Nos contaba que fue a un parque de La Habana y se le acercó un jovencito con una guitarra en mano. El jovencito cortésmente le saludó y luego dijo lo siguiente:
Y empezó a cantar "Gracias a la vida"..."Esta tarde les quiero tocar una cancioncita para que me den algo de platita para poder comprar comidita. Mi padre está preso por motivos políticos, mi madre murió de cáncer. Mi hermana, a quien mi madre le encargó mi cuidado, fue asesinada y violada y mi abuelita no puede trabajar para mantenerme porque está ya muy mayor. Debo ganarme la platita para la comidita mía y del resto de mis hermanitos y hermanitas. Ahora les cantaré una canción que dice así..."
A pesar de todas las calamidades que este jóven había atravesado él aún le daba gracias a la vida, que nos da la risa, que nos da el llanto. Esa que nos da la marcha de nuestro pies cansados, la que nos da el sonido y el abecedario.
Cuanto nos quejamos de cosas sin sentido y como nos deprimimos por nimiedades y pequeñeces.
Debemos procurar ser agradecidos con todo lo que nos da la vida y dar buena cara al mal tiempo. La vida es solo una y somos privilegiados de tenerla.
Hasta la proxima, amigos. Dios les acompañe.
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