domingo, 8 de enero de 2012
Extracto de la biografía de Bill Clinton, como si la leyera yo...
Soy una persona a la que le motivan e influyen tal diversidad de fuerzas que a veces me pregunto cómo es posible que siga cuerda. Soy una paradoja viviente: profundamente religiosa y sin embargo no tan convencida de mis creencia como debería estarlo; anhelo tener responsabilidades pero las esquivo; amo la verdad pero a veces cedo a la mentira... Odio el egoísmo pero lo veo cada día cuando me miro al espejo... Veo a personas, algunas de las cuales me son muy queridas, que nunca han aprendido cómo vivir. Deseo ser distinta a ellas y me esfuerzo por serlo, pero a menudo soy una copia exacta... Que mundo más aburrido y mísero! Yo! Yo, me, mi, mío... Las únicas cosas que me permiten que esas palabras puedan usarse para el bien son las buenas cualidades universales, junto a las cuales no es muy habitual que podamos colocarlas: fe, confianza, amor, responsabilidad, arrepentimiento, saber. Pero los acrónimos de esos símbolos que hacen que la vida valga la pena no pueden ignorarse. Yo, en mi intento de ser honesta, no me convertiré en la hipócrita que odio, y confieso su ominosa presencia en esta chica que trabaja honrada y duramente para convertirse en una mujer...
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