'In the deepest hour of the night, confess to yourself that you would die if you were forbidden to write. And look deep into your heart where it spreads its roots, the answer, and ask yourself, must I write?' -Rainer Maria Rilke
Me he visto obligada a atravesar un proceso de auto descubrimiento y superación personal y emocional. He aprendido más en estos últimos 3 meses que en los últimos 3 años. Haber depositado toda tu confianza en alguien y que, de repente, pase un imprevisto que derrumbe todo de un sopetón es algo que deja a cualquier mortal aturdido. Pasé por una fase de culpar a los demás de mis fracasos, de ira y, hasta se podría decir, que tuve una extraña sed de venganza. En mi nació un odio repulsivo hacia todos aquellos que, en algún momento de mi vida, me hicieron daño y llegué incluso a culpar a gente que no tenía velo en el entierro. Y, créanme queridos lectores, sentirse como me sentía es un calvario. O sea, pensando como pensaba y actuando como actuaba no estaba resolviendo absolutamente nada, sino empeorando las cosas y alejando de mi a los que de verdad estaban preocupados por mi...
Al cabo de unas semanas decidí erradicar mi pesadumbre de una manera distinta y menos abrasiva. Y fue en ese momento en que se gestó en cada célula de mi ser un nuevo sentimiento, un nuevo pensar; Yo hice una revisión exhaustiva de lo que había hecho yo mal. En fin, de nada valía culpar a los demás pues 1) Para bailar un tango se necesitan dos, por tanto en un problema ambas partes son culpables y 2) Yo no estoy en la mente de nadie para saber lo que pasa por sus mentes ni puedo controlar los actos de nadie salvo los míos.
Llegando a esta conclusión inicié un proceso de perdonar y olvidar. Me he dedicado a cerrar círculos de la manera más sana posible para seguir adelante con mi vida en paz. He perdonado muchas cosas, pero aún me persiguen los recuerdos, bellos momentos y lugares donde fui muy felíz una vez al lado de aquellas personas que hoy ya no están.
No he recibido noticias de aquel amor que, más que amor, es un sufrir. Me he desconectado totalmente de todo lo relativo a él y creo que es lo mejor mientras se apaciguan las aguas, aunque no niego que siempre lo veo en el rostro de cualquier niño jugando fútbol, que escucho su voz en presentadores de su tierra natal, en paisanos suyos que vienen al país, en cada canción de Andrés Cepeda y Juanes. Veo sus ojos en cada cielo azul despejado, lo veo en cada obra de artesanía, en cada residente de medicina y dibujo su retrato en las montañas. Lo siento en cada ritmo de cumbia o vallenato. Siento su olor en cada taza de café. Su esencia la tengo en todas partes.
Sé que todo malestar en la vida es transitorio y que todo en la vida pasa por algo, que no hay mal que por bien no venga. Empiezo una etapa de mi vida llena de nuevos desafíos profesionales, personales y académicos y estoy más que confiada de que todo irá muy bien, con Dios por delante. En mi corazón no hay nada más que amor nuevamente y he dejado las puertas abiertas para que entren cosas y personas positivas.
Hasta luego, mis amores y que Dios les bendiga y acompañe
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